"Tres tratados más,
todos de científicos sociales influyentes, remitieron el parentesco primitivo a la mujer,
a la madre. Estos estudios no atribuían, sin embargo, ningún estatus social generoso a
las mujeres primitivas. Como la mayoría de estos pensadores concebían a los hombre y
mujeres prehistóricos como individuos similares a los que veían a su alrededor de la
Inglaterra victoriana, se imaginaron a sus ancestros masculinos como los patriarcas
agresivos, dominantes, militantes y autoritarios de aquellas familias matrilineales. Y
describieron a las hembras como seres sumisos, débiles, inactivos..." Fisher
(1984, 110). [2]
"... quizá sea interesante recordar qué es lo que en lenguaje
corriente se denomina "esteatopigia". Esteatopigia viene a significar algo así
como "gordura controlada", ya que se refiere a la exuberancia adiposa que
manifiestan determinadas partes del cuerpo (del griego esteatos, grasa, y pigos, caderas,
nalgas), aún cuando la designación connote también una clara acentuación de
determinados atributos sexuales, que se muestran aberrantemente provocativos, lo que
quizá explique el que, saliéndose por la tangente muchos prehistoriadores han visto en
sus manifestaciones en el campo de las artes antiguas una clara manifestación de algo
así como una simbología de la fecundidad. (...)
No puede rechazarse, empero, que la voz,
"Venus" ha hecho fortuna aun cuando en el caso de las llamadas Venus
paleolíticas no quiera significar un dechado de perfecciones físicas, de acuerdo con los
cánones que nos ha impuesto nuestro entorno y la civilización en la que estamos
integrados. (...)".
- A la
búsqueda de explicaciones.-
1.-"... quizá convenga ante todo,...
afirmar el valor místico que pudo tener para el hombre paleolítico la figura de la
"Venus". (...) Habrá indudablemente que incluir aquellas interpretaciones
referidas a la experiencia religiosa del hombre prehistórico: creencia en un mundo
sobrenatural,... en relación con una particular cosmovisión que vincula lo Sagrado a la
fecundidad,...
2.-... habría que considerar el denominado
valor mágico que otorga a las estatuillas un valor contaminante, mimético, simpatético
y contagioso,...
3.-... podría hablarse de otro valor no
aludido hasta ahora y que denominaremos valor chamánico que surge de la hipótesis de
trabajo de que en las sociedades paleolíticas, la canalización de la energía de la
comunidad y la individual, se lleva normalmente a cabo a través de la energía de la
institución chamánica, cuya figura principal la constituye una especie de médico-brujo
y factótum de la ideología tribal que asignaría un valor mágico-religioso a las
estatuillas, al vincularlas a determinados ritos de fecundidad.
4.-... tampoco se descarta a determinadas
representaciones que tengan valor como expresión votiva de una terapéutica aplicada o de
una concreta profilaxis.
5.- El valor utilitario se pone de
manifiesto a partir de interpretaciones que ven en dichas estatuillas el reflejo de la
existencia de una sociedad paleolítica, de un régimen gentilicio, matriarcal o
matrilineal,...
"Analizadas objetivamente todas las
derivaciones que cabrían verse en estos apartados parece evidente la importancia que El
Eterno Femenino asumió en la sociedad paleolítica. De acuerdo con la realidad
semiótica, no puede negarse que durante el Paleolítico Superior gozaron de gran
difusión y audiencia desde Varsovia a Siberia, grandes mitos referidos a la MUJER.
De aquí que, en una dicotomía simplista,
podemos muy bien considerar tales figurillas como iconos prehistóricos de carácter
sagrado que reflejan elaboraciones místicas transcendentes, vinculadas a concretas
tradiciones culturales, pero también figurillas mágicas que responden a motivaciones
utilitarias, curativas, profilácticas, etc." José Mª. Gómez Tabanera.- El enigma
de las Venus paleolíticas. Historia 16 , Nº 17, Año II.- Septbre. 1977. Págs. 65-78.
[3]
"Un apartado especial del arte paleolítico merecen las figurillas
denominadas "Venus", que son la categoría principal de las representaciones
humanas en el arte mueble.
Se trata de pequeñas esculturas que representan mujeres, desnudas o
casi desnudas, de formas macizas, frecuentemente con una modulación pronunciada de los
atributos femeninos y con una intencional abreviación de la cabeza y las extremidades. En
su mayoría se acentuaron la obesidad y los órganos sexuales, lo que significa que, en
ellas, se subraya la zona de la alimentación y de la concepción.
Las figuras son de una ejecución muy cuidada; el escultor puso una
gran atención en resaltar los detalles que le interesaban, descuidando los que
consideraba inútiles, como los pies, los brazos y las manos, y especialmente la cara.
Por lo general han sido encontradas en lugares de habitación.
Curiosamente, faltan en la Península Ibérica - a pesar que a veces se citan dos
ejemplares, El Pendo y La Pileta - , pero, en cambio, su repartición geográfica se
extiende desde Francia e Italia, por la Europa central y oriental, hasta las llanuras de
Siberia". Eduardo Ripoll.- El Arte Paleolítico. Hª del Arte, Hª º6 , nº 3.
Madrid. 1989. Págs. 46-50. [3]
"En la prehistoria, cuando casi todas las representaciones brotan
directamente de la roca, estas figurillas son extrañamente excepcionales. Se trata de
esculturas de bulto redondo. Sólo resultan comprensibles cuando se repara en que la
mayoría de ellas no sobrepasan unos cuantos centímetros, y por lo tanto cabe en la mano.
Las figuras femeninas en miniatura, cuyo tamaño oscila entre tres y veintidós
centímetros, no se pueden comparar con esculturas exentas inmóviles. Estas pequeñas
tallas eran objetos culturales, hechos para tenerlas en la mano.
Carecían de base, si bien se cree que, cuando no eran demasiado
pequeñas, la forma apuntada de sus pies y piernas juntas podía servir para hincarlas de
pie en el suelo, como parecen haber sido hallados algunos de estos objetos en las
excavaciones de ciertas viviendas prehistóricas rusas. En cualquier caso no pudieron
hacer las veces de imágenes de altar.
La escultura pudo arrancar del amuleto. La escultura es táctil, y este
carácter suyo se cumple notablemente en las Venus, cuyos rasgos podían ser íntimamente
sentidos por las manos, mucho mejor que en el caso de una figura esculpida grande y
exenta. A este respecto, se habla de «las dimensiones manejables y la tactilidad directa
del amuleto».
Las Venus son esculturas de bulto redondo en miniatura. No están
hechas para ser vistas desde uno solo de sus lados, sino desde todos". S. Giedion.-
El presente eterno: los comienzos del arte. Alianza Forma. Nº 16. Madrid. 1981. Págs.
483-486. [3]
"No se sabe con certeza para qué podían servir, pero se les
atribuyen casi siempre caracteres mágicos o religiosos. incluso, algunos investigadores
ven en ellas el papel en alza que por aquellas épocas pudo tener la mujer en la sociedad.
No obstante, incluso aceptando que tuvieran carácter mágico, éste llevaría implícito
el reconocimiento de una superioridad en el sexo femenino, al menos, una relación de
dependencia que obligaba a la práctica de unos cultos, acaso a ofrecerles pequeños
sacrificios o a cumplir ciertos ritos.
El artista prehistórico que las tallaba exageraba, deformándolas,
algunas partes de los cuerpos de estas "Venus", como si con ello quisiera
demostrar algo, quizá que confiara o esperara precisamente más de aquellas partes de su
cuerpo que de otras. Los senos, el vientre y las regiones glúteas están muy
desproporcionados respecto al resto del cuerpo, y la misma cabeza, los brazos y las
piernas son pequeños en relación a la totalidad de la figura. Estos senos tan
voluminosos, caídos de tan pesados, ..., recuerdan a las diosas de la abundancia o la
fortuna y, por tanto, se asocian con los ritos de la fecundidad, lo que explicaría
asimismo el abultado vientre que poseen. De ser cierta esta hipótesis, la sociedad
prehistórica confiaría en que las mujeres no sólo aseguraban la continuidad de sus
grupos, aportando periódicamente nuevos hijos, sino que también garantizaban o
protegían la fecundidad y abundancia de los productos del campo, de los animales que
cazaban, de todo aquello de que dependía su subsistencia". Luis Pericot y Ricardo
Martín.- La Prehistoria. Ed. Salvat, Col GT. Barcelona 1973. Págs. 39-42. [3]
... A pessimistic man once stated, [trans.] "We must admit that we know nothing, and
will never know anything [about Venus statuettes]" (Passemard 1938; cited in Delporte
1993: 265). This view is echoed by Marshack (1972; cited in Lubelll 1994: 66), who said,
"we know only that the range of [Paleolithic] female images and the many forms of
presentation and use preclude any simple interpretations". The issue of change,
continuity and meaning in Upper Paleolithic cultures cannot be readily resolved, and any
interpretation must remain that: interpretation and theory only for the time being,
they cannot be proven, particularly when one ventures into the realm of the symbolic.
Marshack does hint at a measure of optimism, however, and many of the
interpretations discussed in this paper have aspects with potential for further study.
Despite the present impossibility of proving theories on Paleolithic art, persistence in
the continual creation and refinement of ideas is absolutely necessary. The creation of a
well-structured complex model that draws from past theories and examines literal and
symbolic meaning at multiple levels would be a promising step forward in the fascinating
study of Upper Paleolithic representations of females. Annique-Elise Goode (2000). [4]
Citas reproducidas de:
2. http://personales.com/espana/zaragoza/martincano/index.html
http://terra.es/personal2/martincano/
3. http://www.pntic.mec.es
4. http://www.sfu.ca/archaeology/museum/papers/contents/aeg1.htm