En la fase más antigua, en la que
todavía no se reconocía una relación entre el hecho de engendrar y el de dar a luz, la
mujer, la engendradora, aparecía como la fuerza creadora todopoderosa, que dominaba sobre
el hombre y el animal, sobre la vida y la muerte. Como Gran Madre encarnaba el deseo
humano de fertilidad así como la esperanza de superación de la muerte, a la que el
hombre de la Edad de Piedra, que pocas veces alcanzaba una edad superior a los 25 ó 30
años, se enfrentaba mucho más directamente que el hombre de hoy. Su signo mágico, la
vulva, la puerta hacia la vida, se grababa en la roca en los lugares de culto o se
esculpía en relieve desde los más antiguos tiempos auriñacienses. En forma de cauríes
acompañaba a los difuntos a la tumba, como amuleto, quizá para asegurarles la
resurrección... Sibylle von Reden.
¿Y qué decir de Dios? Hace unos 30.000
años aún no existía, pero su concepto tomó vida y forma al tiempo que los humanos
desarrollamos el pensamiento lógico-verbal; de hecho, bajo el proceso de maduración del
uso del lenguaje en los niños puede verse todavía el sustrato básico del concepto de
Dios. En cualquier caso, las pruebas arqueológicas muestran que el primer «Dios»
generador/controlador fue concebido y reconocido como mujer durante más de 20.000 años y
que no hubo más divinidad que la Gran Diosa hasta que, entre el VI y III milenios a.C.,
por necesidades socioeconómicas, apareció el concepto de Dios varón.... Pepe
Rodríguez, 1999.
"... Mujeres de rasgos anatómicos abundantes en las que los
caracteres sexuales destacasen, pudieran haber sido prototipos de madres en las que
sus abundancias representaran las mayores posibilidades de perpetuidad de la
especie. Una mujer bien alimentada asegura, a priori, una correcta nutrición del neonato
y, en consecuencia, obtendrá unos aportes alimenticios que le harán ser más resistente
a las enfermedades. Por este motivo, un canon fisiológico de maternidad exuberante puede
haber constituido un prototipo de mujer deseada, lo que hoy llamaríamos canon de belleza.
Algunas figuras muestran la vulva abierta, en un estado de dilatación que si bien pudiera
ser atribuido en unas a una excitación de raíz sexual o a la dilatación consecuencia de
haber expulsado el feto... Sexo en piedra. Sexualidad, reproducción
y erotismo en época paleolítica.
Angulo, J. y García, M. (2005).
Según Marcia-Anne Dobres, antropóloga de la Universidad de Carolina
del Sur, las características formales de estas figurillas han dado pie a múltiples
interpretaciones: desde asépticas muñecas utilizadas como elemento de intercambio en una
gran área del continente europeo, hasta símbolos del ideal de mujer paleolítica que
operarían a modo de «trofeos» prehistóricos realizados por y para hombres. [1]
LeRoy McDermott, arqueólogo de la Universidad Central del Estado de
Missouri, plantea la posibilidad de que se trate de autorretratos, figurillas hechas por y
para mujeres. Así pues, la forma de las estatuillas reflejaría la autointerpretación de
las mujeres, obviamente sesgada desde un punto de vista óptico, en sus diversos estadios
vitales, dentro de un proceso de autoconocimiento del propio cuerpo [1].

Sarah Nelson, investigadora de la Universidad de Denver, Colorado,
resalta la existencia de rasgos comunes entre las figurillas, pero sólo dos, el sexo y la
durabilidad, están presentes en todas ellas. Sus superficies pulidas indican que
circulaban de mano en mano, quizá como objetos de intercambio. De ahí se infiere que las
figurillas representan a las mujeres y que se «daban» como prendas de matrimonio sin que
importara su identidad, como sugiere la ausencia de rostro. Las estatuillas serían un
símbolo reconocido en toda Europa, en sociedades pequeñas en las que el contacto y la
comunicación entre las comunidades podrían haber sido esenciales para sobrevivir. [1]
La interpretación planteada por Marija Gimbutas, profesora emérita de
la Universidad de California en Los Ángeles, goza de gran popularidad. Según esta
investigadora, las figurillas femeninas encarnan a una diosa de la fertilidad, la Gran
Madre, en una sociedad donde las mujeres asumían el poder. Esta teoría tuvo una buena
acogida entre los defensores de la existencia de un matriarcado ancestral, situado por
Gimbutas en el neolítico, período en el cual las figurillas femeninas son muy
abundantes. Sin embargo, sus raíces podrían remontarse al paleolítico, y durante la
edad del bronce el matriarcado habría sido sustituido por una sociedad patriarcal. [1]
La investigadora Olga Soffer, de la Universidad de Illinois, señala
que las figurillas halladas en los yacimientos de la Europa oriental constituyen un «arte
de los vivos» y no de los muertos. En todos estos lugares, y también en algunos
yacimientos de la Europa occidental, las figurillas han aparecido en zonas habitadas o,
como mínimo, frecuentadas. Ubicadas en la periferia de las viviendas, suelen aparecer
dispuestas en condiciones particulares: sobre suelos pigmentados con ocre, escondidas en
pequeñas fosas o nichos en compañía de otras figurillas y objetos poco habituales, o
cubiertas en algunas ocasiones por huesos de animales. Se trata, pues, de un arte
domestico y su «desciframiento» debe contextualizarse en la organización de la vida
cotidiana. Según Soffer, las figurillas del paleolítico superior evidencian un momento
de incremento de la complejidad social y tecnológica. [1]
"El estudio de las figuras humanas del Paleolítico superior
muestra que las mujeres se representan con más frecuencia que los hombres. Aparecen con
morfologías muy diversas que reflejan su función vital y definen su identidad
fisiológica. Esta elección expresiva parece indicar que los artistas han querido llamar
la atención sobre el papel engendrador o sexual de la mujer y lleva a pensar en la
utilización de un lenguaje fisiológico del cuerpo femenino en el arte
paleolítico." Duhard, Jean Pierre. 1994, 51 (1): 39-53, 41 Ref. Rv. Trabajos de
Prehistoria.

"...Las primeras manifestaciones de caracter claramante religioso
que se conocen, tienden a la divinización de un elemento generador femenino primordial,
representado por vulvas más a menos esquematizadas y por figuras femeninas de atributos
sexuales extremadamente marcados: pechos, caderas, y órganos externos. Es esta la época
en la que, condicionamientos climáticos aparte, el ser humano convierte en templo el
interior de la tierra, a través de cavernas, abrigos y grietas que fueron consideradas
como úteros generadores en los que la Madre Tierra había concentrado sus divinas
energías.
En aquellas cavernas uterinas, el ser humano penetraba devotamente, a
la busqueda del contacto con lo más íntimo y recóndito de la gran paridora divina que
había engendrado todo lo existente. Y en ella, con toda la fuerza de su necesidad de
integración en lo sagrado, trataba de encontrar, mediante ritos iniciáticos, el secreto
fundamental y único de aquel misterio creador que le permitía vivir en íntima relación
con el objeto de su devoción inmediata..." Juan G. Atienza. Rv. Integral nº 136,
1991.
"... Como he dicho antes, la mujer un día ocupó el centro de la
actividad social. Un papel cruelmente arrebatado por el hombre. En la antigüedad, se
adoraba a la mujer, a la Tierra, a la fertilidad. Hubo un tiempo en el que el gran Dios
era Diosa, pero fue sustituido por el Dios Padre. En la isla de Malta vi cómo hombres muy
machistas adoraban más a la Virgen María, a la Gran Madre, que al Dios Padre. Se lo
dije, pero no lo reconocieron." Desmond Morris.
"La Mujer ha sido la primera religión del hombre, y la primera
divinidad fue la diosa-madre." Van Lysebeth (1990, 124). [2]

"Las mencionadas figuras femeninas, con el sexo y los senos
bien diferenciados, tienen sin duda un sentido mágico y religioso relacionado con la
fecundidad humana."... "Se trata de las directas ascendientes de las
diosas-madres del Neolítico y precedentes de todas las diosas de la fecundidad, ya se
llamen Isthar, Astarté, Tanit, Isis o Hathor de épocas históricas." Blázquez,
Martínez y Montero (1993, 77): Historia de las religiones antiguas. Ediciones Cátedra,
S. A. Madrid. [2]
"... Era necesario comunicarse con ella (la Diosa Madre
Naturaleza) mediante símbolos, para hacerse entender, para decirle claramente que debía
mantener sus intenciones." Göttner-Abendroth (1982, 104). [2]
"En el grupo humano es sobre todo la madre la que aparece
esencialmente como fuente de toda vida, de un modo particular en esa época en que la
unión conyugal no existía de modo estable." Y Pirenne, Jacques (1982, 44): Historia
del Antiguo Egipto. Volumen I. Ed. Océano-Éxito, Barcelona.
[La expresión "como fuente de toda vida" referida a la
madre, expresa la creencia arcaica de que la mujer sola creaba al nuevo ser, se creía que
la reproducción era asexuada, no intervenía el varón, se realizaba por partenogénesis
/ virginal / hermafrodita / agámica / afrodita ( afrodita = sin cooperación del sexo
masculino. Encicl. Espasa, Tomo 3 (1988, 231).
Entre la madre y los hijos existirían lazos muy fuertes mientras no
existía vinculación varón-mujer, ni vínculos entre el padre e hijos. La razón
principal estaría basada en el hecho de que el varón desconocía ser padre de sus hijos,
según seguimos leyendo en Encicl. Espasa, Tomo 33 (1988, 1001): "... el sociólogo
escocés (Mac Lennan) parte del supuesto de que la incertidumbre de la paternidad fue lo
único que determinó la fase matriarcal." [2]
Citas reproducidas de:
1. Mito y Realidad. Imágenes femeninas en la prehistoria. National Geographic España.
Edición Especial Otoño 2000.
2. http://personales.com/espana/zaragoza/martincano/index.html
http://terra.es/personal2/martincano/