Al intentar cotejar el
horizonte que tratamos con el Mundo Esquemático, vemos que en general los soportes
utilizados por éste coinciden con covachos y abrigos bien iluminados por la luz solar;
sin embargo, como hemos dicho con anterioridad, el arte holoceno conservado en La Pileta
se despliega a lo largo de más de 300 metros de galerías subterráneas en espacios muy
alejados de la iluminación natural. Esta circunstancia nos separaría de la norma
habitual de la pintura esquemática hispana. No obstante, existen algunos yacimientos en
la zona meridional de la Península donde un arte post-pleistoceno se localiza en grutas
profundas, a manera de ejemplo citaremos la Cueva de Nerja (Málaga) que mantiene en sus
Galerías Altas no urbanizadas conjuntos de trazos informes en coloración negra, asimismo
podemos nombrar los paneles confeccionados con la misma sustancia en la Cueva de los
Murciélagos (Córdoba) y la Cueva del Agua (Granada); de igual modo, incluimos en este
grupo las cavidades malagueñas de Victoria, sima de la Curra y Pecho Redondo.
Por otro lado, en el territorio peninsular
el Grupo de Solacueva mantiene por todos los cavernamientos elaboraciones
abstractas-esquemáticas y numerosas agrupaciones de trazos inconexos realizados a su vez
con pigmentos negros. Por tanto, sería fácil paralelizar este complejo artístico
septentrional con el arte post-glacial de Pileta, pero consideramos que ese núcleo queda
desplazado de nuestro ámbito geográfico, en cuanto que la estación más meridional del
denominado Grupo de Solacueva sólo alcanza la Meseta. De todas formas, el concepto
figurativo de ambos son totalmente opuestos con imposibilidad de hacer comparaciones.
Desde el punto de vista temático vemos que
la gran mayoría de los ideogramas de la Cueva de La Pileta se hallan también en los
abrigos decorados por los artistas esquemáticos. Así, analizando las tipologías de
Acosta, Bécares y Caballero advertimos que nuestros tipos encuentran su correlación en
los diseños antropomorfos (tp. 9), pectiniforme-zoomorfo (tp. 7), tectiformes (tp. 1),
escaliformes (tp. 6), zig-zags (tp. 4), esteliforme (tp. 3), ramiformes (tp. 8), puntos y
barras (tp. 1 0) y ángulos (tp. 6). Este hecho nos llevaría a estimar el arte de la
gruta rondeña como perteneciente al marco del Fenómeno Esquemático, pero un elemento
tan característico de la actividad rupestre esquemática meridional como son los ídolos,
no se representan en nuestro yacimiento; además, el desarrollo de pictogramas, temas
innovadores, la visión de las composiciones en su conjunto, estilo y el
"ambiente" artístico, lo entendemos bastante disociado del arte esquemático
clásico.
Las categorías de esquemas obtenidas,
obviando los tipos 9, 11, y 12, son signos poco evolucionados y complejos. Por tanto no
sería valido afirmar que el arte holoceno de la Cueva de la Pileta es arte
esquemático en función de un estudio comparativo individualizado de cada motivo, sino en
base a una globalización de todas sus manifestaciones; puesto que si queremos hallar
paralelos en horizontes dispares a los manejados aquí podríamos encontrarlos, sería el
caso, fuera de lugar, de cotejar nuestros modelos con ideomorfos del Arte Paleolítico. Si
así lo hiciéramos comprobaríamos como, en efecto, todos ellos han sido figurados por
los artistas del pleistoceno europeo, como por ejemplo retículas de la Griega o Chimenea,
escaliformes de Aguas de Novales, esteliforme de Altamira, meandros de El Niño,
pectiniformes de Buxu o ramiforme de Tito Bustillo.
Con respecto a las categorías 5, 11 y 12
localizamos sus homólogos en escasos yacimientos esquemáticos, con el grupo de más
concentración en el lienzo al aire libre de Nuestra Señora del Castillo de Almadén
(Ciudad Real); también tenemos otros diseños asimilables en la propia Ciudad Real,
Badajoz, Jaén, Murcia, Alicante, y Huelva, aunque estos paralelos los consideramos a
nivel cuantitativo poco significativos del mundo artístico esquemático peninsular.
En la Cueva de la Pileta crearon un
ideomorfo complejo, la combinación de pectiniforme -esteliforme- con apéndices (tipo
11e), que quizás correspondería con el tema relativamente común en la iconografía
esquemática: asociación pectiniforme y esteliforme.
Como se aprecia, el arte post-pleistoceno
de la Pileta comulga con ciertas características gráficas del Fenómeno Esquemático
Peninsular, si bien diverge en cuanto a técnica, soporte, extensión y contenido
temático. Por consiguiente, otorgarle una datación concreta y adscribirlo a una cultura
prehistórica determinada suscita bastantes dudas.
En la actualidad se viene aceptando que el
arte esquemático meridional conserva un sustrato neolítico anterior a la expansión
lograda durante el Calcolítico. Los elementos plasmados en cerámicas de la llamada
Cultura de las Cuevas andaluza así parecen confirmarlo. De la misma manera con referencia
a los tipos existentes en La Pileta podríamos ver semejanzas con algunas decoraciones
cerámicas de vasijas neolíticas como los escaliformes, zig-zags, ángulos con
apéndices, pectiniformes y ramiformes. Asimismo, la cerámica simbólica del Cobre nos
muestra formas comparables a las de La Pileta, como sería el caso del vaso de Millares
con dos esteliformes y un par de ramiformes, o la conjunción cérvido-esteliforme cercana
a la asociación cuadrúpedo y esteliforme comentada anteriormente enlazando con nuestro
motivo 11e.
En relación con los paralelos cerámicos
citados tampoco nos aportan datos elocuentes e irrevocables en el aspecto cronológico
sobre el arte post-paleolítico de La Pileta.
De todos modos, si forzamos un encuadre
cultural para las representaciones que nos ocupan, tras un proceso de eliminación,
deberíamos hacerlo dentro de un Neolítico Medio-Final o de una fase inicial o local de
la expresión del Fenómeno Esquemático. Como está claro, el mundo pictórico más
similar al nuestro sería la pintura rupestre esquemática hispana, aunque no lo creemos
"esquemático puro" por la escasa participación de los antropomorfos (limitada
a un único ejemplar) y la ausencia de ídolos.
Somos conscientes de que la aproximación
crono-cultural carece de juicios firmes que puedan resolver, definitivamente, la
problemática datación de las manifestaciones post-pleistocenas de la Cueva de La Pileta . Desde nuestra
perspectiva, entendemos este yacimiento como una estación donde las figuraciones
adquieren una acusada originalidad con respecto al arte post-paleolítico del resto de la
Península Ibérica. Las peculiaridades que presenta le imprimen gran interés y
singularidad que no deberíamos menospreciar a la hora de estudiar e intentar acercarnos
al conocimiento del Fenómeno Esquemático.
Reproducido de: 'La Cueva de la Pileta: arte
rupestre post-paleolítico'. Sanchidrián Torti, J. L., Muñoz Vivas, V. E. Revista de
Arqueología, nº 117, ed. Zugarto. 1991. |