A falta de monumentos,
tendremos que contentarnos con su polvo, y, en ausencia de los propios individuos, con el
rastro que dejaron sus pasos declaró Boucher de Perthes en sus Antigüedades
célticas y antediluvianas. ¿Qué nos queda, pues? exclama. Cenizas,
carbones, cascos de arcilla... algunos pedazos de piedra.
Sin embargo, se descubren objetos de arte; pero su fama es siempre
local, y su alcance, limitado. Por puro azar, en el curso de unas obras al pie del
Saléve, es descubierta, a finales de 1833, una gruta muy rica. El doctor Mayor, de
Ginebra, recoge los primeros objetos prehistóricos adornados con finos y maravillosos
grabados: un bastón perforado de cuerno de reno, ornado con una rama frondosa en uno de
los lados y con un macho cabrío en el otro; otro bastón con la imagen de un pájaro.
Algunos meses más tarde, un notario charentés, André Brouillet, descubría en la gruta
del Chaffaud, en Savigné (Vienne), un cuerno de reno con
dos ciervas finamente grabadas. Cada una de éstas tiene una flecha clavada en el lomo.
Los contemporáneos de Luis Felipe establecían contacto con el arte
mobiliario más antiguo del mundo; Próspero Merimée dibujaba esta primera obra de arte
para el sabio Worsae, quien la presentaba al Congreso de Antropología de Copenhague. Este
arte abría perspectivas vertiginosas sobre los orígenes de la Humanidad, sobre el remoto
nacimiento del sentimiento estético en los hombres de la Prehistoria. Pero no fue
comprendido. Volvió a caer en un olvido del que sólo un azar milagroso parece haberlo
hecho emerger.
Nos parece que este arte hubiera debido asegurar la victoria definitiva
a los pioneros de la ciencia prehistórica, proclamar la altísima antigüedad del hombre
«antediluviano». Hoy nos cuesta menos comprender que Boucher de Perthes tuviera que
luchar tan duramente para hacer reconocer la labor intencional y la antigüedad geológica
de los silex tallados <en almendra> de La Forte-du-Bois o del yacimiento de L'
Hôpttal, en Abbeville; pero las graciosas ciervas del Chafiaud ¿ no hubieran debido
provocar la adhesión a la Prehistoria?. Sin embargo, multiplícanse los descubrimientos
del arte mobiliario. En 1843, la gruta de Kesserloch, en Thayncen (Suiza), nos brinda un
bastón perforado de cuerno de reno, con el bellísimo grabado del Reno ramoneando.
Édouard Lartet se apasiona por las grutas pirenaicas, por ricos
depósitos de sílex y de osamenta de animales desaparecidos, principalmente renos. En
1860, en un ensayo Sobre la antigüedad geológica de la especie humana en Europa
occidental, evoca la gruta de Aurignac. Los rastros de esta <civilización del reno>
conducen a Édouard Lartet a las grutas de Bruniquel, y después, a Dordogne. Y el rosario
de grutas con depósitos prehistóricos se va enriqueciendo todos los meses: gruta de las
Eycies, garganta del Enfer, Le Moustier, La Madeleine, Laugerie-Basse, Laugerie-Haute. Las
estaciones epónimas que darán nombre a las clasificaciones son investigadas por
primera vez. La gruta de La Madeleine, en Tursac, bautizará a la más prestigiosa de las
civilizaciones, el Magdaleniense, apogeo del arte animalista.
Ëdouard Lartet recoge en ella un bello grabado de mamut, en una capa
arqueológica profunda e intacta. Los descubrimientos de grabados mobiliarios aumentan
más y más. En 1864, son ya lo bastante numerosos para que Lartet y su colaborador Henri
Christy publiquen una importante memoria Sobre figuras de animales grabadas o
esculpidas y otros productos de arte y de industria atribuibles a los tiempos primordiales
del periodo humano.
El mismo año, el doctor Garrigou, de Tarascon-sur-Ariége,
descubre también obras de arte mobiliario en los cantiles de Bruniquel, y, en la gruta
ariegense de Massat, identifica un oso magnífico, finamente tallado en un canto rodado.
Publica su hallazgo en 1867.
En la Exposición universal de ese año, se incluye una rica
sección de arte prehistórico. Figuran en ella la mayoría de las obras conocidas a la
sazón.
Reproducido de:
El Arte Prehistórico
Louis-René Nougier |