Descubrimiento del Arte Prehistórico

Prehistoric Art Discovery

Primeros Descubrimientos del Arte Rupestre

First Discoveries of the Rock Art

El doctor Garrigou visita tambien la gran caverna de Niaux. Siguiendo la sana tradición del siglo XVIII, sus guías le conducen a las pinturas del Salón Negro, a 800 metros de la entrada. El doctor Garrigou contempla los bisontes, los caballos y las cabras monteses. Y escribe en su carnet de notas: Hay pinturas en la pared. ¿Qué pueden ser? Los bisontes, especie desaparecida, no le sugieren todavía la obligada relación entre estas pinturas y los documentos arqueológicos de las grutas. Por una pizca no cupo a Niaux el honor de ser la primera gruta decorada conocida científicamente.

En 1878, un maestro del Ardéche, Léopold Chiron, señala la existencia de grabados, esta vez en la pared de la gruta Chabot, en Saint-Martin-d’Ard&he. Los rasgos son difíciles de interpretar: croquis de mamuts... Pero estos mamuts parietales, poco concluyentes, caen en el olvido.

El marqués de Sautuola siente pasión por el material lítico de las grutas, por los utensilios óseos, arpones y azagayas, por las obras de arte mobiliario, e inicia la búsqueda en una gruta de su hacienda cantábrica; era la gruta de Altamira Nota .

Marcelino Sanz de Sautuola

De Sautuola descubre piezas de sílex tallado, afiladas como punzones, pulidas como buriles, retocadas como raspadores. Recoge huesos trabajados, y, en un omóplato, descubre los rasgos de una hermosa cabeza de cierva, finamente esculpida...

Durante sus búsquedas, su hija, María, juega en la penumbra; un día de 1879, padre e hija exploraban la cueva y María entró en una cámara baja que Sautuola había explorado con anterioridad. Iba «corriendo por la caverna, jugando por aquí y por allá», recordaba tiempo después. «De repente distinguí formas y figuras en el techo, y  grité: "Mira papá, bueyes". Bajo la titilante luz de una  lámpara   de  aceite ella  vio lo que nadie había  visto  desde

María Sanz. Foto: Fundación Marcelino Botín

hacía 17.000 años: las imágenes de dos docenas de bisontes agrupados en un círculo, con dos caballos, un lobo, tres jabalíes macho y tres hembras de ciervo alrededor. Estaban pintados en rojo, amarillo y negro, y parecían tan frescos como si estuvieran recién pintados.

La niña acababa de descubrir el gran techo pintado de Altamira, con su retozona cohorte de bisontes y Altamira entra en la Historia. El genial acierto de Sautuola fue relacionar los sílex tallados, los arpones y las azagayas, las obras de arte mobiliario, con los bisontes policromos del techo. El profesor Vilanova, de Madrid, acepta, después de concienzudo examen, lo bien fundado de esta relación. El descubrimiento produce un pasmo extraordinario...

El rey Alfonso XII visita Altamira... Pero el mundo científico se muestra reacio. En el Congreso Internacional de Lisboa de 1880, Vilanova tropieza con la incredulidad más absoluta. Los arqueólogos se niegan incluso a ir a ver las pinturas. El descubrimiento pasó de actualidad. En vano frecuentó Sautuola los congresos europeos para presentar fotografías de las pinturas. No logró que le escucharan y murió, desesperado, en 1888. 

. Nota fuera de texto: La cueva de Altamira fue descubierta en 1868 por Modesto Cubillas, un aparcero de Sautuola, cuando su perra se metió en un agujero de la ladera del monte. Cerca de allí existía una cantera, y puede que por la fuerza de las detonaciones se abriera la entrada a la cueva que había estado oculta desde hacía miles de años.

La Batalla de Altamira

The Battle of Altamira

La hostilidad de los sabios es algo incomprensible. Hacía cerca de medio siglo que Boucher de Perthes había ganado la «batalla del Somme», obtenido el reconocimiento de la antigüedad prehistórica de los sílex tallados y logrado la admisión de su contemporaneidad con los huesos fósiles de especies desaparecidas. Édouard Lartet y muchos otros habían aportado idénticas pruebas para los depósitos arqueológicos de las grutas, pirenaicas o perigordinas. Lartet había logrado, sin dificultad, la aceptación del arte mobiliario.

Era evidente el parentesco entre el arte animalista sobre hueso o sobre canto rodado y el arte animalista monumental del gran techo de Altamira. Sólo cambiaba el soporte; la inspiración era la misma. De Sautuola se vio abrumado de sarcasmos y calumnias. Se habló de «falsificación»; se acusó a los soldados romanos, en sus ratos de ocio, durante las guerras cantábricas. ¡Se sospecho que los jesuitas españoles habían pintado Altamira para desacreditar la Prehistoria!

El tiempo trabajó muy despacio en su favor. En 1895, el propietario de la gruta de La Mouthe, a 3 kilómetros de los Eyzies, resuelve despejarla más ampliamente. En el curso de las obras, aparece una profunda galería y cuatro niños se deslizan por la abertura. Uno de ellos, Gaston Bertoumeyrou descubre un bisonte grabado Foto en la pared y avisa a Émile Riviere, quien estaba efectuando excavaciones prehistóricas en la región. Esto ocurría el 11 de abril de 1895.

Dos años antes, el joven Gaston Bertoumeryrou había recorrido en toda su longitud la galería de las Combarelles, sin observar en ella nada de particular. Las primeras investigaciones de Émile Riviére se ven coronadas por el éxito, y las paredes de La Mouthe se animan con sus frisos de animales: toros, caballos, bisontes, cabras montesas... Una lámpara vaciada en una piedra calcárea, con una cabra montés grabada en el dorso, muestra incluso cómo se iluminaban los «artistas» de La Mouthe. El 28 de setiembre de 1896, É. Riviére comunica su descubrimiento a la Academia de Ciencias. Pero Altamira había quedado  olvidada.

Desde el Descubrimiento de Marsoulas al de Font de Gaume
From Marsouolas to Font de Gaume

Los descubrimientos de La Mouthe tuvieron, en cambio, un eco favorable. François Deleau se hallaba investigando, desde 1874, en la gruta Pair-non-Pair, en lo alto del pico de Ambez. En 1883, cinco años después del descubrimiento sin resonancia de L. Chiron, observa en la entrada, «unos rasgos incisos de los que no hace mucho caso». El descubrimiento de los grabados de La Mouthe le induce a lavar las paredes, y descubre, entonces, un rico conjunto de grabados que describe, en 13 de noviembre de 1896, a la Sociedad Arqueológica de Burdeos. Las paredes lavadas desaparecían en ocasiones bajo capas arqueológicas. ¡ Eran, pues, anteriores a estas capas!

El azar viene en ayuda del grabado. É. Riviére emplea, para sus excavaciones, a campesinos del lugar. Uno de ellos, Pomarel, encuentra en las Combarelles trazos grabados y  —al parecer— animales semejantes a los de La Mouthe, que tan bien conoce. Escruta las paredes, con curiosidad tanto mayor cuanto que la gruta pertenece a su suegro. Por último, avisa a su maestro de los Eyzies, Denis Peyrony. El 8 de septiembre de 1901, Peyrony penetra en las Combarelles, acompañado del doctor Louis Capitan y del joven abate Henri Breuil. Desde octubre de 1900, el abate ponía al descubierto los grabados de La Mouthe. «A la luz de una simple bujía, y después de 100 metros de vano y penoso camino, vimos surgir la teoría sin fin del friso grabado en

las dos paredes», refiere el Abate Breuil. Numerosas figuras están recubiertas por gruesas concreciones y, en algunos casos, desaparecen bajo un verdadero velo estalagmítico. El 15 de setiembre de 1901, ocho días después del descubrimiento de las Combarelles, D. Peyrony, que en el intervalo había vuelto a visitar la gruta de Font-de-Gaume, convoca inmediatamente en ella al doctor Capitan y al abate Breuil.

Henri Breuil en 1944. Foto: http://www.culture.fr/culture/arcnat/lascaux/

El Mea Culpa de un Escéptico

The Mea Culpa from a Sceptical

Émile Cartailhac, vacilante ante los grabados de Pair-non-Pair, más que turbado por los de La Mouthe, acaba por admitir su autenticidad. En el Congreso de la Asociación para el Progreso de las Ciencias, van a enfrentarse las partes en litigio: los adversarios del arte prehistórico, cuya cabeza es Élie Massénat, y los partidarios de este arte, los «inventores» de los grabados de La Mouthe, de las Combarelles, de las pinturas de Font-de-Gaume. Pero Émile Cartailhac tomó ya su partido, en la revista L’Anthropologie. En ella publica su Mea culpa d´ un Sceptique: No tenemos ya ninguna razón para poner en duda la antigüedad de las pinturas de Altamira.

Después del Congreso, numerosos participantes se dirigen al Périgord, visitan Font-de-Gaume y Las Combarelles. El 14 de agosto de 1902, realiza el Congreso su última visita: la de la gruta de La Mouthe. É. Cartailhac y el abate Breuil se encaminan entonces a Cantabria y realizan la peregrinación a Altamira. 

Reproducido de: El Arte Prehistórico
Louis-René Nougier

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• Sanz de Sautuola y el descubrimiento de Altamira. Benito Madariaga de la Campa. Ir al artículo vía Pileta de Prehistoria enlace externo
• Historiografía del arte prehistórico en la Península Ibérica: I, hasta 1914. Eduardo Ripoll Perelló. Ir al artículo vía Pileta de Prehistoria enlace externo

   

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